El miedo de papá

Costaba reconocerlo, pero ya estaba entrado en años. El cuerpo ya no se reponía como a los veinte, la cabeza ya no trabajaba con la rapidez de los treinta, y casi tocando el medio siglo, su corazón atrapado en una involuntaria coraza fría comenzaba de a poco a florecer. Tanto en su mujer como en él, las canas se hacían cada vez más visibles y las vivencias cada vez mas seguido se les escurrían por la piel. Su hijo menor con más años de escuela transcurridos que restantes, la mayor rozando su segunda década. El tiempo pasaba, y no perdonaba a ninguno.

Afectuoso siempre en la broma, con un cariño distante, incómodo a la hora de demostrar emociones de mas, de pocas palabras y abrazos cortos. El afecto lo asume demostrado en gestos habituales, y se tensiona a la hora de tener que recibir una muestra de cariño. A veces pasa por frío, pero lo que sucede es que no tiene iniciativa a la hora de abrir el alma. Prefiere guardarse, como si nunca le hubieran enseñado a expresarse mas allá de la pura formalidad. Así es mi papá.

“Qué lindo que aunque los chicos estén grandes podamos seguir saliendo los cuatro como cuando estaban en primaria y en jardín…si, qué lindo. El tiempo pasa, están grandes ya…Marcela, te acordás cuando nació Mauro? Qué enojada estaba Abril…”

Se hizo un largo silencio que solo mi lengua larga se atrevió a interrumpir. Y bromeé al respecto. Bromeé porque no supe cómo reaccionar. Bromeé porque es el único recurso que tengo cuando algo me toma por sorpresa, me sacude y me desconfigura por dentro.
Me dejó aturdida. Un momento que esperé durante años ocurrió así sin mas, sin previo aviso, sin preámbulos, sin la ceremoniosa carga emocional que siempre había previsto.
Mi papá. Siempre me había resultado difícil, ilegible; incluso con el pasar de los años perdimos la compatibilidad de “nena de papá” que nos unió durante los primeros años de mi existencia, en los que nos acostábamos en el piso del pasillo de la planta alta de mi casa y, mirando el techo, hablábamos durante horas sobre planetas, estrellas, galaxias y un millón de mundos posibles. Incluso, a veces, me animaba a pedirle que me cuente la historia de cómo se habían conocido con mamá, y el lo hacía con tanta presteza que su memoria lo traicionaba, y la historia nunca era igual más de dos veces. Pero nunca me había parecido tan transparente como en ese momento, en el que ni siquiera tuve que mirarlo a los ojos para comprender que, más allá de las incurables diferencias, los dos temíamos a lo mismo: Al maldito e inevitablemente arrasador paso del tiempo.

En una sola frase suelta, perdida, fugitiva y probablemente furtiva, encontré más emociones de las que lo vi expresar en años, quizás en toda una vida.
No le pude adivinar orgullo, eso nunca podre hacerlo. Pero en una sola frase lo observé rendido ante el tiempo, declarándose perdedor ante aquel imparable contrincante que es el movimiento de las agujas del reloj. Me jacte de cierta melancolía y desazón, una especie de nostalgia oculta. Un abatimiento al perder esa inocencia de los veinte, treinta, incluso cuarenta, en los que el ser humano se cree eterno e invencible. Y hasta me atrevo a decir que en su voz sentí miedo.
Por primera vez en mi vida, en un acto tan sutil y simple como imperceptible, la única persona que me había resultado indescifrable todos estos años, repentinamente se encontraba vulnerable delante de mí. Manejando en plena autopista, ni siquiera pude mirarlo a los ojos; pero tampoco necesité hacerlo. Bastó con unas pocas palabras, una frase al aire, un pensamiento que dudo que haya dejado escapar adrede para notar que compartíamos algo tan puro y aún más fuerte que la sangre y los genes: El miedo.

Y me di cuenta que en realidad no eramos tan distintos. Que jamás iba a entender la sensación que me recorre completa al terminar un libro, y yo nunca iba a aprender los nombres de todo el seleccionado argentino de rugby de memoria. Pero si podríamos entender la incertidumbre de que el tiempo se nos cuele de las manos, que la vida siempre corra con ventaja, la desesperación de que con el tiempo la memoria se nos escape y quedemos frente al monstruo del inminente olvido. Podría no entender mis actitudes idas y cortantes, yo podría no comprender su involuntaria frialdad en absoluto; pero aunque nunca se lo haya mostrado, ahora se que comparte lo más vulnerable y puro que hay en mí. El miedo.

Quién diría que justamente ese miedo iba a ser lo que uniera a dos personas a las que ese maldito tiempo al que tanto le temían, se había dedicado a separar; quién podría imaginar que en el miedo, dos personas iban a encontrar el punto medio a partir del cual descifrarse.

3 comentarios en “El miedo de papá

  1. Intenso Abril.

    Me siento un insolente dedicándote estas palabras luego de leer detenidamente el relato. A penas se que escribís en este Blog lleno de pasión y encanto literario, y vos -tal vez- lo mismo.

    Uno a veces no debería comentar lo que parecieran ser confesiones personales, sobre algo que también se conoce como “La Belleza”, que nos persigue hasta que nos lleva. Pero debo hacer esta excepción para decirte que tales palabras me llegaron a lo mas profundo de mi Ser, que no perdonara -tampoco- el inevitable paso del tiempo que a todos les gana. Seria emocionante para tu padre leer lo que con tanta emoción le dedicas, tenes una profundidad para tocar el tema que hace que se lo vuelva, reflexivo. Por eso por mi parte, gracias.

    Tu padre quiere verte asi de eterna, tan llena de vida, me gustaría citarte esta frase:

    “Necesito de algún paraíso
    que obligue a mi cuerpo a jugar con vos.
    Aunque estoy atado a tus diabluras
    sabés que estoy siempre a favor del adiós.”

    La misma proviene de un tema llamado “Una rata muerta en los geranios” (Del disco “El perfume de la tempestad” del Indio Solari y Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado) que silenciosamente puse al leer tu historia, tu miedo compartido. Me resultó similar. Acompaña perfecto el relato. Viste cuando algo esta musicalmente escrito, bueno, así.
    Por favor, si podes, escuchalo. Ese tema es una reflexión del otro lado, tal vez, ese que queres descifrar sospechando la verdad (en tu relato), por que en realidad tenes esa intuicion de que la conoces muy bien, porque sabes que -en el relato- tu padre tiene ese algo que se llama miedo, compartido con vos. Por eso lo intenso, lo profundo, hablar de eso nos vuelve mas humanos, mas sensibles.

    No hay un ser humano -creo- que no viva con miedo, por mas minúsculo que sea. Mucho mas los seres sensibles, como -me animo a decirlo- vos. Y uno cuando se da cuenta de eso, de que tal vez seamos nada, de que no seamos definibles, lógicamente surja angustia (Sera distinto al miedo), que como decia Sartre: “La angustia. Es el precio afectivo de la lucidez”. Me agrada que toques estos temas.

    Solo para no hacerte mas pesado el comentario, resta agradecerte por las buenas palabras que aquí reinan. A seguir en tierra incógnita.
    Pd: Dedicate que tenes talento para esto, trabaja en el libro por favor, lectores con sentimientos lo necesitan, saludito.
    FMQ

    Le gusta a 2 personas

    1. Tengo que confesar que me hiciste soltar un par de lagrimones. Siempre me costó hablar de mi papá, y nunca creí ser la única que atraviesa algo así, pero saber que alguien que me lee lo sintió tanto como vos me decís, me da una especie de alivio que no puedo definir muy bien.
      Muchas gracias por tus palabras de aliento, de verdad me pone muy contenta que a alguien le guste algo que escribo desde el corazón, generalmente por la necesidad de descargarme más que para ser publicado. Y ya mismo me pongo a escuchar esta canción que me recomendás, seguro me va a sorprender para bien.
      Te mando un saludo, y un gracias enorme!

      Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s