#YoParo8M #MujeresEnHuelga

Crecí tomando como ejemplo a las figuras femeninas de mi casa, y aprendiendo a ser independiente. Desde chica me enseñaron a ser fuerte, perseverante y a luchar por lo quiero, siempre siendo fiel a lo que creo. Me enseñaron a seguir mi instinto y mi corazón, a ser quien yo elija, a seguir mis sueños y mis deseos, le pese a quien le pese.
Crecí teniendo como ejemplo a mi abuela, que se vino sola, cuando era una adolescente, desde Corrientes a Buenos Aires. Mi abuela, que tuvo y crió sola, hasta que conoció a mi abuelo, a una preciosa hija que al crecer se convirtió en una mujer fuerte como ella, a la que tengo el placer de llamar mamá.

Me gusta pensar que las personas somos un pedacito de todo aquello que nos antecede; me gusta aún más creer que todas las mujeres tenemos algo de las anteriores de nuestra misma sangre. Me gusta creer que todas, en algún momento, fuimos una. Y ahora somos miles con algo en común.
Me gusta creer que mi color preferido es el naranja porque el de mi abuela era el amarillo y el de mi mamá es el rojo.
Me gusta creer que me visto como vieja porque la mitad de mi ropero son sweaters de la abuela y ropa de los ochenta que usaba mamá.
Me gusta creer que soy valiente por debajo de mil inseguridades como lo era mi abuela, y que tengo la capacidad de pensar por afuera de la caja y de hacer siempre lo que quiero porque esa es la determinación que caracteriza a mi mamá.
Me gusta creer que, a diferencia de mi hermano, soy rellenita porque cuando mamá estaba embarazada mi abuela era capaz de hacerle una milanesa con papas fritas a las 3 de la mañana con tal de cumplirle los antojos.
Me gusta creer que lloro por todo porque mi abuela era hipersensible y mamá tiene el llanto siempre a flor de piel.
Me gusta creer que mi exageración viene de la teatralidad con que mi abuela contaba lo que le había pasado cuando iba a hacer las compras, y de la excesiva gesticulación de mamá al hablar por teléfono.
Pero a medida que fui creciendo, cada vez que mi círculo social se ampliaba, me iba dando cuenta de que mi mamá y mi abuela no eran las únicas mujeres que atravesaban mi vida, que me enseñaban cosas, que me inspiraban y me formaban como persona.
Por eso también me gusta pensar que mi pasión por contar historias viene de mi maestra de primer grado, Lorena, que los días de lluvia nos dejaba sentar en el piso y nos narraba los mejores cuentos de terror que alguna vez escuché.
Me gusta creer que Cortázar es mi escritor preferido porque mi profesora de lengua de segundo año, Paula, me prestó Bestiario cuando tenía trece años y quedé fascinada.
Disfruto pensar que soy feminista porque mi profesora de literatura de quinto año, Natalia, me propuso hacer un ensayo sobre la figura de la mujer en la literatura y luego de leer incontables libros descubrí que el mundo subestima nuestro valor y nuestra fuerza.

Pero no solo fueron profesoras. Fueron las mujeres con las que charlé en la parada del colectivo y me contaron de sus hijos y de sus nietos, y también las nenas de diez años que pelearon hasta el cansancio con sus compañeros para que las dejaran jugar al fútbol con ellos en el salón de fiestas en el que trabajo las que me enseñaron cosas.
Fueron también mis amigas las que me enseñaron sobre fuerza y valentía, sobre voluntad, sobre poder. Me enseñaron que ningún corazón roto es irreparable; me enseñaron sobre hacerle de madre a sus propias mamás, sobre pasar por la adolescencia con la ausencia del padre, sobre guardar secretos familiares más grandes que una misma. Me enseñaron que la vida sigue después de una gran pérdida, y que nada es imposible si estamos todas juntas, tirando para el mismo lado; unidas.

Mañana marcho por todas esas mujeres que me hicieron crecer, me enseñaron a ser grande, me volvieron quien soy hoy. Marcho por las que conozco y por las que nunca conocí, incluso por las que voy a conocer. Marcho por las que están y por las que ya no. Por todas aquellas que inspiran, enseñan y marcan la vida de otra, por todas esas mujeres que son un pedacito de todas las anteriores y serán también una parte de todas las que sigan.
Lucho porque sigan inspirando, sigan enseñando y sobre todo para que sigan viviendo.

Me gusta creer que las personas somos un pedacito de todas las que nos anteceden. Por eso mañana quiero ser alguien que intente marcar la diferencia. Para que las próximas generaciones sepan que tienen algo por lo que marchar. Para que se atrevan a seguir luchando. Y se animen a ser el pedacito necesario para que también puedan pelear las que les siguen.

C0esxRVS

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