El baño del boliche

No sé qué es lo que pasa con los baños, pero su mística tiene algo especial que hace que todo tipo de diferencias queden en segundo plano (tercero, cuarto, e incluso pueden llegar a desaparecer).

Las chicas en los baños estamos en un mundo a parte, en una dimensión paralela. En los baños nos liberamos, y lo que es la vida misma se convierte en algo incluso mejor: una vida ideal.

Las chicas en los baños lloramos, reímos, nos abrazamos, nos damos consejos. No nos conocemos una a la otra. Es muy probable que jamás no hayamos visto, e incluso que nunca más nos volvamos a ver. Pero las chicas en los baños formamos una hermandad tan pero tan fuerte que el recuerdo de esas mujeres a veces perdura más que el recuerdo de la noche misma. Y hasta da lugar a amistades más fuertes que un lazo de sangre.

El baño del boliche repleto de chicas borrachas puede parecer por momentos una escena de una película de Almodóvar: mientras unas hacen poses extrañas para evitar que se les desintegre la vejiga a la vez que le sostienen la puerta de los cubículos a sus amigas, otras buscan desesperadas un traguito de alcohol en los vasos que alguna otra dejó olvidados (las más valientes incluso toman con desesperación agua de la canilla). Algunas se miran al espejo como deseando recuperar mágicamente la prolijidad de unas horas atrás, pero con la certeza de que eso ya no tiene arreglo, y otras, las más optimistas, se arreglan el labial con la esperanza de aún poder cumplir con el objetivo de la noche. La música fuerte se escucha lejana, y se mezcla con los gritos y alaridos de las señoritas menos conscientes que están en el medio del baño sacándose selfies. Y siempre, pero siempre, hay una en un rincón con los brazos cruzados.

Pero basta que alguna de todas nosotras entre llorando, enojada, quejándose, o plantee alguna pregunta que de pie a una trivia masiva para que automáticamente dejemos lo que estamos haciendo.

Así, completas desconocidas repentinamente saben toda la historia de tu vida; tus virtudes, tus defectos, tu lado más luminoso e incluso conocen tu parte más oscura. Completas desconocidas se vuelven tu mejor amiga por una noche, tu hermana por unas horas, tu prima por unos instantes.

Abrazamos a la que llora, aconsejamos a la indecisa, empoderamos a la insegura. Rescatamos a la borracha, emborrachamos a la sobria, hacemos reír a la que está triste, hacemos amiga a la que está sola.

Entonces esa noche el baño se vuelve tu búnker, y cada un tiempo determinado volvés para encontrarte con caras conocidas, para escuchar palabras de aliento, para contar historias, para levantar ánimos. Y de repente la foto con tu amiga se vuelve una selfie masiva, un video multitudinario. De pronto tu salida de a dos, mano a mano, se vuelve una especie de fiesta de cumpleaños, donde todas son caras amigables, donde todas son una mano amiga.

Nunca te vas a sentir más cómoda, más segura, más querida que borracha en el baño del boliche.

Y al otro día me despierto, y me acuerdo, como puedo, de la noche anterior. Me acuerdo de la chica que me sostuvo la puerta para que haga pis en paz, de la que me prestó su labial y me alentó a que encare al chico que me gusta, de la que me contó que le gustan las chicas, de la que lloró en mi hombro por que le habían roto el corazón. Me acuerdo de la chica que me prestó una toallita en una fiesta de egresados cuando tenía 16, me acuerdo de la señora del baño del boliche que me aconsejó que no tomara más porque iba a terminar sintiéndome mal. Me acuerdo del chique al que le convidé agua de un vasito de origen desconocido y nos reímos durante un rato porque dijo que había tenido peores cosas en la boca. Me acuerdo de las chicas que alenté a dejar a sus novios, a las que animé a encarar a alguno, a las que insistí para que hagan aquello que no se animaban, de las que me dijeron que estaba linda y me hicieron verme de forma distinta a la que me veía en el espejo. Me acuerdo de las que conocí y hoy sigo viendo, de las que conocí y ya no veo más. Me acuerdo de las que me dijeron que les gustaba lo que escribía, y mientras escribo esto, que ojalá estén leyendo, me acuerdo de todas sus caras y pienso: ojalá todas estén bien. Ojalá la vida haya conspirado a su favor. Ojalá hayan cumplido sus sueños, y ojalá sigan soñando. Ojalá alguna de ellas cambie el mundo. Y ojalá ese mundo sea sororo como el baño de un boliche repleto de chicas borrachas.

2 comentarios en “El baño del boliche

  1. Abril, tus pequeños relatos encantan, creas las situaciones y los personajes, o mejor dicho, quienes alli hablan en el relato(en los relatos), parecen caminar solos que ni se nota que son tu creación y tu moldeo. Siempre lo dije y lo seguiré diciendo, que novelista nos estamos perdiendo en Buenos Aires

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