Pasión

Todo comenzó cuando me preguntaron qué era la pasión. Y al instante les conté cómo te brillaban los ojos cuando hacías lo que te gusta. Les hablé del fuego que salía de tu pecho y parecía calentar la habitación en la que estabas (a veces incluso atravesaba las paredes e inundaba toda la casa). Les dije que tu cuerpo parecía electrificarse, que tus extremidades se movían frenéticamente y parecían lanzar relámpagos con cada latigazo. Intenté explicarles por horas la forma en la que tu sonrisa parecía agrandarse y brillar más de lo humanamente posible; pero fue en vano poner en palabras la belleza que emana de tu persona cuando te dejás ser, libre y sin ataduras, plena y sin preocupaciones. Fue imposible explicar cómo parecías ganar centímetros y volverte más liviana cuando finalmente eras quien querías y no quien debías, quien podías y no quien intentabas, quien llegabas y no quien te imponían.

Jamás pude transmitir esa sensación que generaba el verte flotar, con la alegría saliendo por tus poros y atravesando tu cuerpo como los arcoiris atraviesan las nubes grises y pesadas después de una tormenta. Y tengo que confesar que verte lagrimear de felicidad cuando lo que hacés te desborda el alma y te confunde las emociones, no me facilita la tarea de explicar qué carajo es la pasión. Más que nada porque la pasión es tan ambigua y complicada que no sólo se ve o se escucha. A veces simplemente la sentís en todo el cuerpo. Te hace un nudo en el estómago, te acelera el corazón, te entumece los dedos; hasta puede llegar a dejarte un vacío. Porque cuando la pasión es tanta y tan grande, llena tanto que cuando dejás de sentirla tu alma pareciera quedar desértica. Como cuando el líquido que chupabas con un sorbete se acaba, y lo único que queda es aire. Un aire que incomoda y se te mete hasta en los huesos.

Pero principalmente es difícil explicar qué es la pasión porque pude verla en una película que me dejó llorando hecha una bolita. También la imaginé en un libro que me dejó la sensación de haberlo vivido. La sentí en un recital con miles de personas haciendo y cantando lo mismo, en un mismo momento, en un mismo lugar. La vi en la forma en la que una persona cierra los ojos y aprieta los puños cuando canta una melodía que le sale del corazón. La percibí en los colores chillones de un dibujo, y en los colores apagados de una pintura. La vi en cientos de personas llorando por un deporte. La sentí en un lugar, en su aire, en su ambiente. Y también pude verla en el cruce de miradas de dos personas, con un magnetismo que parecía tragarse todo objeto que giraba a su alrededor.

Incontables son las noches en las que me dormí intentando dibujar con palabras lo que genera ver a una persona haciendo lo que le apasiona. Así que si hoy me preguntás qué carajo es la pasión, no podría darte una explicación. Pero instantáneamente te respondería que podría ser la forma en la que te brillan los ojos cuando hacés lo que te gusta.

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